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Llegan los Lobos a Querétaro
Lorena Meeser – 2009-11-10
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La obra aborda con magistral crudeza un hecho de poder y corrupción. Cinco importantes personajes de la vida pública del país se reúnen para resolver un conflicto extremo. Metidos hasta el cuello, implicados hasta el fondo, echan mano de todos sus recursos para influirse mutuamente: intereses, deudas de amistad, extorsiones, engaños, amenazas, chantajes y revelaciones.
En medio de urgentes y agitadas discusiones de emocionantes cruces de confianza y desconfianza, se adueña de la situación la más dura violencia contrastada con el más crudo humor. En un ambiente de lujo, poder y corrupción, se agitan las mayores pasiones, las mayores bajezas, los mayores intereses y las más graves decisiones.
El libreto recrea un hecho escandaloso real sucedido en Argentina en 1940, cuando la compra de terrenos por parte del ejército en la localidad de El Palomar dio origen a un enfrentamiento entre políticos y militares. Las opciones fueron realizar una investigación para hacer transparente la gestión del gobierno o callar los hechos, a fin de obtener los beneficios de esa operación ilegal.
Los Lobos se desarrolla en un sótano, donde cinco políticos discuten sobre un asunto de corrupción que los involucra y del cual quieren salir bien librados, sin importar a quién perjudiquen, incluso, sobre ellos mismos. Abundan las pasiones, bajezas y traiciones, en donde los cinco políticos corruptos tratan de salvarse de la cárcel, a pesar de haber cometido un robo millonario a la nación.
La dirección es de Héctor Bonilla, quien también ha realizado la revisión del texto para México. Y el reparto está integrado por orden alfabético: Pedro Armendáriz, Roberto D’Amico, Jesús Ochoa, Rafael Sánchez Navarro y Víctor Trujillo, importantes personalidades de la escena teatral del país.
La escenografía está a cargo de Auda Caraza y Atenea Chávez, el vestuario de Cristina Sauza, la iluminación de Xóchitl González, la escenografía de Rodolfo Sánchez Alvarado y la producción ejecutiva de Mari Carmen Núñez.
Dicen que "el que con lobos anda, a aullar se enseña". Y de ello puede dar fe Héctor Bonilla, director de la obra Los Lobos, que se presentará el lunes 30 de noviembre en el Auditorio Josefa Ortiz.
"Nos llevamos demasiado bien. ¡Ya es un desmadre con estos miserables!", admitió Bonilla, "hay un ambiente muy cordial, lo cual es importante en teatro para abatir a ese enemigo que es la rutina".
"Oigan, y si mejor hacemos Entre Pancho Villa y una Mujer Desnuda", propuso Sánchez Navarro.
"¡Pero yo soy Diana Bracho!", contestó Armendáriz.
Ya encarrerado, Sánchez Navarro arremetió contra Ochoa, quien en la obra da vida al coronel José Francisco Bazán.
"¡Chucho!, se te están cayendo las nalgas. Pensé que nunca te iba a pasar eso", bromeó.
"Reconozco que hubo una estafa, pero no les conviene que salga a la luz. El Presidente estaría en peligro y nuestra incipiente democracia va a quedar manchada", dijo D'Amico, quien da vida al subsecretario de Estado Alejandro Corcuera.
La tensión entre los voraces lobos es tal que Sánchez Navarro se olvida de que hace unos momentos fue un "corderito" juguetón y para en seco al asistente del director, pues éste le recordó unos diálogos que se había saltado.
"No me interrumpas hasta que yo te lo pida", pidió enérgico el actor.
Y es que la obra, que fue adaptada del original argentino por Bonilla, está realizada en un tono serio.
"Va a demostrar cómo arriba se está hablando de una cosa muy distinta de lo que abajo se necesita", comentó Trujillo, quien da vida a Eduardo Muñoz, presidente de la Comisión de Hacienda.
Y el diputado Rodríguez, interpretado por Armendáriz, se encargará de romper los momentos álgidos del montaje con sus comentarios mordaces.
Como estratega de la vieja guardia es muy ameno, pero Armendáriz aclaró que sólo en la ficción se atreve a interpretar a un político.
"Me han ofrecido 10 mil cargos y de diferentes partidos, curiosamente, pero qué horror, qué espanto, aquí en esta obra se habla cómo se ejerce el poder y ¡no, no, no! Yo soy amigo de políticos, pero no para que me ayuden, sino para que no me estorben".
Desde hace 17 años Víctor Trujillo no hacía teatro, pero cuando leyó el libreto de Los Lobos y se enteró del reparto que había, Víctor Trujillo no lo pensó dos veces.
"Tenía dos años arrastrando el pendiente de hacer una obra y de pronto llega esta invitación más que seductora con Héctor (Bonilla) y con estos actorazos; pues es una gran ilusión.
"Nunca había trabajado con ellos; entonces, regresar al teatro después de 17 años con estos chambelanes, ¡claro que me pongo el tutú!", comentó Trujillo.
El más reciente montaje en el que participó fue en El Dedo del Señor, que permaneció casi un año en el Teatro de los Insurgentes.
Aunque también se trató de una obra relacionada con la política, Trujillo reconoció que ha tenido que recordar algunos detallitos del protocolo teatral.
"La intercomunicación entre los que trabajamos es mucho más personal, porque la televisión también tiene su encanto, pero funciona de otra manera, estamos preparando algo para que suceda una hora y ya no vuelva a pasar.
"Y aquí no, aquí es en vivo, es afinar nuestros timings, nuestros instrumentos, estar en conexión porque vamos a jugar con el juguete que más nos gusta y lo vamos a jugar una vez más y tienes la oportunidad de sentirte el niño original", mencionó.
Pese a que en Los Lobos no se hace referencia directa a ningún político, Trujillo sabe que la gente podría relacionar las situaciones de la obra con la realidad.
"Hace 25 años no podías hablar en un teatro o centro nocturno del Presidente, del Ejército o de la Virgen de Guadalupe, pero ya son otros tiempos, y esto no es un sainete burlón, es una pieza bien hecha y no, no hay miedo de nada".
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