Opinión
Estás en: Principal > Opinión > Hitler, liderazgo y masacres
Hitler, liderazgo y masacres
Raúl González Pinto – 2010-02-08
Imprimir
“¿A qué te refieres cuando dices que desde el punto de vista moral deberíamos de tomar una decisión diferente?” La pregunta anterior me la planteó hace años un alto directivo cuando le hice ver que cierta decisión estratégica tomada por él no me parecía aceptable por razones morales. Aún recuerdo la expresión en el rostro de este directivo: era de total incomprensión hacia aquello de lo que yo le hablaba.
La ignorancia de mi interlocutor no lo exculpaba, ante mis ojos, de la consecuencia nefasta de sus acciones. Y me parece que semejante ligereza no tiene cabida en ninguna de las áreas de nuestra vida, no sólo las relacionadas con el ámbito laboral o empresarial.
Vaya para muestra otro botón. En días pasados, una de las colaboradoras de un periódico del que me honro en formar parte, escribió un artículo intitulado “Hitler, un gran líder” (sic), cuya lectura me causó gran incomodidad, una incomodidad semejante a la que experimenté en la conversación referida.
Antes de presentarte, lector o lectora, los motivos de mi malestar, debo aclarar dos cosas. Primera, no me considero paladín de las causas morales ni nada que se le parezca, pues reconozco que mis áreas de oportunidad como ser humano son amplias y profundas. Segunda, soy fiel creyente de la máxima de Voltaire: podré estar en desacuerdo con lo que escribió mi colega, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo.
No contenta ella con referirse a Hitler como “gran líder” en el título de su colaboración, utiliza un par de veces más la inexplicable frase en el cuerpo de su texto. Refiriéndose a los supuestos aciertos del genocida germano en los terrenos industrial y económico, afirma: “Hizo lo que nosotros quisiéramos de un líder”. Con el debido respeto, y como estudioso fiel del tema de liderazgo que considero ser, humildemente le pediría que al usar el nosotros excluyese a un servidor, pues ni en mis peores pesadillas este sátrapa representaría algo que yo quisiera ser o hacer.
Después de admitir que aproximadamente 11 millones de personas, incluidas las víctimas del Holocausto, perdieron la vida a consecuencia de las acciones del megalómano tirano, la articulista precisa: “Lo que se le puede admirar es la forma en que movió, incluso, a los países que destruyó”. No quiero ser mal pensado, pero cuando alguien señala como motivo de admiración que alguien haya destruido naciones enteras, sería medianamente razonable suponer que tal persona no se opone demasiado al perverso ideario político que originó tan fatal destrucción.
Se habla en el multicitado artículo de un documental de Oliver Stone que un canal televisivo exhibirá próximamente para presentar una visión de Hitler como “un personaje más real y humano”. Yo quisiera suponer que tan renombrado cineasta sabiamente evitará humanizar aquello que, de entrada, es subhumano. De lo contrario, me resultaría preocupante que en esta obra se le buscase un lado “humano” a quien en vida se caracterizó por su diabólica locura.
Vivimos momentos en que la estabilidad política del país se ha vuelto aún más lastimosamente vulnerable con acontecimientos tan aberrantes como la a todas luces reprobable masacre de niños y adolescentes en Ciudad Juárez: hago un llamado a mis conciudadanos a no permitir que, chapuceramente, algunos gobernantes la quieran reducir a “un ajuste de cuentas entre criminales”. Semejante disparate es, a lo menos, una falta de sensibilidad hacia los sufrientes padres y hermanos de las víctimas, y a lo más un cinismo soez.
Es indispensable, hoy más que nunca, levantar la voz en contra de aquellos que, de manera irresponsable, reducen la sagrada vida humana a meras estadísticas, sean éstas el resultado de guerras declaradas o no, justas o injustas, sucias o no. Yo prefiero hablar de moralidad. No en el sentido de la moralidad obtusa, tristemente de moda, sino pensando que tal vez sea éste el último reducto que nos queda para defender la tan apabullada dignidad humana.
Citas bibliográficas: Brenda Pedraza, “Hitler, un gran líder”, AM Querétaro, 29 de enero de 2010, pág. 5B.
El autor de este espacio es consultor empresarial, catedrático, coach y doctor en comunicación organizacional.
comentarios
No hay comentarios



