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¿La neta? ¡Te pasas!

Redacción Páginacero – 2010-02-23  Imprimir ArtículoImprimir

¿La neta? ¡Te pasas!

Debo confesar que durante años mi sentido del humor se nutrió de la ironía y el sarcasmo. Solía hacer comentarios que a mí me parecían ingeniosos y, como mis amigos me los celebraban, me empeñaba en seguir haciéndolos.

No me había percatado del malestar que causaba en algunos hasta que Jaime, un compañero, un buen día me hizo ver que mis gracejadas no le resultaban en absoluto graciosas. Sorprendido, intenté justificarme “¡Es que son mis ejercicios mentales!” Mi ofendido interlocutor  me puso en mi lugar con una certera frase: “¿Y nosotros somos tu gimnasio?” Apenado, le pedí disculpas. Sin darme cuenta, había traspasado sus límites emocionales y desde entonces me cuido de de no lastimar a terceras personas con cosas que digo o hago.

Anne Katherine (2002), experta en el tema, apunta: “Yo establezco mis límites emocionales decidiendo cómo deseo que los demás me traten”, incluyendo qué tipo de comentarios  me permito aceptar o no de los demás. Si el compañero Jaime no me hubiese puesto un alto, lo más probable es que yo hubiese seguido actuando de la misma manera. Si bien mi intención no había sido de molestarlo, es indudable que mis palabras lo habían lastimado.

¿Cuántas veces en la vida hacemos comentarios inapropiados y vanamente nos justificamos pensando “Es que yo soy así y así hablo”? En mi caso, cuando Jaime acertadamente me hizo ver su contrariedad, yo podría haberme puesto a la defensiva diciéndole “¡Lo que pasa es que no entiendes mi sentido del humor!”. Por fortuna, pude darme cuenta de que él tenía razón y cambié mi manera de relacionarme con los demás. Ahora me siento razonablemente seguro de que mis actuales amigos y colegas difícilmente me describirían como alguien mordaz o sarcástico.

Por otro lado, ¿cuántas veces son otros los que traspasan nuestros límites emocionales y nosotros nos quedamos callados, sin hacerle ver a estas personas que sus conductas o comentarios nos hacen sentir mal? Y, peor aún, ¿cuántas veces nosotros mismos propiciamos, con nuestra pasividad, estos comportamientos lesivos a nuestra persona?

En épocas pasadas, los límites emocionales eran rebasados sin contemplación: el amo consideraba de su propiedad al esclavo y actuaba en consecuencia. De igual forma, en el México prerrevolucionario los hacendados y capataces impunemente violaban los derechos humanos de los desprotegidos peones.

Sin embargo, es el siglo XXI y en la vida organizacional no cabe el abuso ni la manipulación, ni de jefes a subordinados, ni entre laterales, ni de clientes a empleados o viceversa. Lo mismo va para nuestra vida privada.

Phillip Moffitt (2005), un asesor espiritual, nos proporciona los siguientes ejemplos de violación de límites emocionales: el marido que da órdenes a su mujer como si fuese su amo; la suegra que critica a la nuera por la manera en que ésta disciplina a sus hijos; una amiga que le “aconseja” a otra cómo debe comportarse con su novio; un compañero de trabajo que te “pide ayuda”, cuando en realidad lo que quiere es que le hagas su chamba. En cada uno de los casos anteriores, una persona indebidamente “jala” a otra hacia su campo gravitacional.

Para evitar abusos como los descritos, Stibbs (2001) sugiere desarrollar límites de relación sanos, caracterizados por “un sentido de respeto entre las partes que permita a las mismas vivir una vida plena y explorar su potencial personal”. De esta manera podremos sentirnos tranquilos, seguros y confiados. La siguiente vez que alguien invada tus límites emocionales, con asertividad ¡márcale el alto y hazle ver que sus acciones o comentarios te causan malestar y te parecen inapropiados!

Bibliografía: Anne Katherine (2002). Donde Terminas Tú Empiezo Yo. España: EDAF. /  Phillip Moffitt (2005). “Good Fences”, ensayo consultado en: www.lifebalance.org  /  John Stibbs (2001). “Emotional Boundaries in Relationships”, ensayo consultado en  www.hiddenhurt.co.uk/Articles/boundaries.htm

El autor de este espacio es consultor empresarial, catedrático, coach y doctor en comunicación organizacional.

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