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Política y politiquerías II
Redacción Páginacero – 2010-02-24
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Me quedé, en la colaboración pasada, terminando la diferenciación entre la política y la politiquería. La política, decía “es el ámbito donde, a través de distintos sistemas de toma de decisiones, se organiza la distribución de los bienes con los que cuenta una sociedad. En ese sentido, la política siempre existe y es siempre importante.”
La politiquería, en cambio, es “ese ir y venir novelesco de caricaturas, de declaraciones vacuas, de “chímpete-chámpatas” que, en ocasiones con plena consciencia de hacerlo y en otras de manera no esperada pero bien agradecida, distraen de los procesos reales que determinan la política, la importante, la de arriba. La mayoría de los medios de información – si no todos –, lo mismo que la mayoría de los columnistas y “líderes de opinión”, se concentran en esa politiquería, viven de ella y participan en ella; la movilizan, mueven las aguas cuando se empiezan a calmar, para poder dar la nota o para poder tener algún buen chisme que informar”
Dije que, planteados así los términos, hablaría de vez en vez de política, pero no de politiquería. En ese tenor, adelanté una reacción frente al Dip. Marcos Aguilar, quien en reiteradas ocasiones se ha pronunciado – como muchos otros mexicanos – a favor de la eliminación de la representación plurinominal en el Congreso del Estado y en el Congreso de la Unión. Junto a todos los puntos positivos que se promueve en la reforma política actual – mayor participación ciudadana, candidatos independientes, reelección, etc. – éste es un punto en el que no puedo estar de acuerdo, pues la idea de la representación plurinominal es mantener la representación tanto de las otras fuerzas políticas cuyo partido no está en el gobierno, como de las minorías que pudieran quedar atrapadas en lo que Tocqueville llamaba la “dictadura de las mayorías”.
Que los partidos utilizan de un modo criticable el sistema de listas por el cual se eligen los diputados y senadores plurinominales, no lo podemos negar. El mismo hecho de que el jovencito Ricardo Anaya, oculto siempre tras el ala protectora del exgobernador, y coordinador por poco único de la terrible campaña panista de las últimas elecciones, esté hoy en el Congreso del Estado. Me consta que el Dip. Marcos Aguilar tiene un amplio conocimiento de la técnica jurídica, por lo que estoy seguro de que podrá encontrar una fórmula institucional que inhiba el uso “perverso” de las listas plurinominales. Mucho se ganaría al respecto una vez que se incluya, por ejemplo, esquemas como la reelección o la remoción de servidores públicos por vía de refrendos, por ejemplo. ¿Se imagina usted que – por ejemplo – a la mitad de su periodo, cada diputado sea sometido a un refrendo ciudadano? ¿Se imagina – pudiera ser otra opción – que un diputado pueda ser sometido a un refrendo siempre que se movilice una X cantidad de electores?
En fin. No tengo yo la solución, pero sí me parece importante pensar qué es lo que se perdería si se eliminaran las diputaciones plurinominales. Que piensen los Panistas, para ponerlo más claro, lo mucho que aportó la representación plurinominal en su acceso al Congreso de la Unión y – por lo mismo – al proceso de democratización en México.
Cierro con un comentario más respecto a la politiquería. No sé si se acostumbre, pero quiero aquí citar a un medio, al periódico A.M. y una de sus más célebres columnas “Asteriscos”, del día de hoy 23 de febrero: “Tiro de precisión.- Focalizado (como tiro de precisión) el del Gobernador Calzada, que sube al podium, y con un discurso ejecutivo, habla claro y propone –con toda intencionalidad política-: “UNIDAD entre el Estado y el Municipio”, un asunto que poco se había dado en las anteriores administraciones.” El discurso es politiquería, y de ella viven los medios, exaltando con servilismo cortesano al “Sr. Gobernador”. ¿Alguien ha leído a Luis Gabriel Osejo?, para terminar de hablar de servilismos.
Lo preocupante del asunto es que medios y comentaristas – como decía – viven y promuevan la politiquería, y dificultan, por lo mismo, que la ciudadanía tenga acceso a información suficiente y pertinente respecto a LA POLÍTICA, la de verdad. Lo más probable, de seguir como vamos, es que este sexenio las cosas se sigan dando como en el pasado: la política, lo importante, se va a decidir en reuniones a puerta cerrada bajo el humo del tabaco (para parafrasear a Duverger), mientras la opinión pública se entretiene y es alimentada por la politiquería que difunden los medios. Así pasó con la “Constitución” que se reformó el año pasado, y que se reformó “con los pies” (o sea, torpe y sin atino alguno) o con el tema del aborto (en el que se presentó un show de ponencias sólo para darle largas a una decisión de partidos ya tomada). Los dos temas son asuntos de política, de la buena, que afectan de manera inmediata la vida pública, y que, para muchos – como en el caso del aborto – hacen la diferencia entre el bienestar y la libertad, por un lado, y el estigma y la cárcel, por otro. La sociedad civil no supo, no pudo o no quiso expresarse. Esperemos que el tema de la reforma política, los plurinominales, la reelección, etc., no se decida como lo pasado, y que realmente los medios de información sirvan como espacios para el debate y la reflexión pública, y no para el cuchicheo y el servilismo de politiquería que tanto daña nuestra vida pública.
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